Por una noche, el Auditorio Nacional de Música se convirtió en una auténtica verbena de emociones, ritmos castizos y talento intergeneracional. El Grupo Talía en colaboración con la Fundación Padre Arrupe hicieron homenaje a la zarzuela, ese género tan nuestro, lleno de color, teatralidad y melodía, que sigue vivo gracias a propuestas como la de este concierto. No fue una simple función: fue una celebración colectiva en la que la música, la danza y la solidaridad se entrelazaron en un espectáculo inolvidable.

Desde la primera entonación del tenor salvadoreño Napoleón Domínguez en el Himno de la Fundación Padre Arrupe, quedó claro que aquel concierto iba más allá de lo artístico: cada nota se convirtió en un homenaje sonoro a una institución que, desde El Salvador, transforma vidas brindando salud y educación de calidad a personas en situación de vulnerabilidad.

El tenor Napoleón Dominguez cantando el himno de la Fundación Padre Arrupe en el Concierto solidario zarzuela Grupo Talía
Tenor Napoleón Domínguez, cantando el himno de la Fundación Padre Arrupe, en el Concierto solidario zarzuela del Grupo Talía

El espíritu de la zarzuela, más vivo que nunca

Bajo la batuta apasionada y precisa de Silvia Sanz Torre, directora y alma del Grupo Talía, el programa ofreció un recorrido por lo más emblemático del repertorio zarzuelístico. Preludios que ya suenan como himnos, coros que evocan las calles de un Madrid antiguo, romanzas que encienden el alma… Todo ello cobró vida gracias a la Orquesta Metropolitana de Madrid y el Coro Talía, a los que se sumaron los pequeños del Coro Talía Mini, que aportaron dulzura y frescura con sus voces.

El concierto se dividió en dos partes, con una selección de obras que abarcó desde la picardía costumbrista de La revoltosa hasta la solemnidad de la Salve de Gigantes y cabezudos, pasando por joyas como el dúo de las sombrillas de Luisa Fernanda o el intermedio de La boda de Luis Alonso.

Voces y cuerpos que emocionan

La primera parte del programa ofreció un desfile por algunas de las páginas más queridas del repertorio lírico español. El Coro de barquilleros de Agua, azucarillos y aguardiente, interpretado por el Coro y Minis, destiló el aire festivo y popular de la zarzuela madrileña. Las intervenciones de los solistas fueron especialmente aclamadas: Miguel Borrallo brilló con la apasionada romanza “No puede ser” de La tabernera del puerto, y María Zapata sedujo al público con su interpretación vibrante de “De España vengo”, del Niño judío.

Solistas, tenor Miguel Borrallo y soprano María Zapata en el Concierto solidario zarzuela Grupo Talía
El tenor Miguel Borrallo en el Concierto solidario zarzuela Grupo Talía

Y si la música cantada conmovió, la danza elevó la experiencia a otro nivel. La bailarina y coreógrafa Sara Martín ofreció una interpretación poderosa y matizada del intermedio de La leyenda del beso, así como del Fandango de Doña Francisquita, combinando virtuosismo técnico y sensibilidad escénica. El cuerpo de baile, formado por sus alumnas, añadió dinamismo visual en piezas como El barberillo de Lavapiés y La Dolores.

Bailarina Sara Martín en el Concierto solidario zarzuela Grupo Talía
Cuerpo de Baile de la escuela Sara Martínez en el Concierto solidario zarzuela Grupo Talía
Cuerpo de Baile de la escuela Sara Martínez en el Concierto solidario zarzuela Grupo Talía
Bailarinas de la escuela de danza Sara Martínez en el Concierto solidario zarzuela Grupo Talía
Bailarina Sara Martín en el Concierto solidario zarzuela Grupo Talía

Más que un concierto

Pero lo que hizo de esta noche algo verdaderamente especial fue su carácter solidario. El evento rindió homenaje al trabajo de la Clínica Asistencial Padre Arrupe en El Salvador, una institución que desde hace más de 30 años ofrece atención médica y educación de calidad a personas en riesgo de exclusión social. El concierto, además de celebrar la zarzuela, sirvió para dar visibilidad a un proyecto transformador que ha cambiado la vida de miles de personas.

El público, entregado y agradecido, no dejó marchar al conjunto sin varias propinas. Las Leandras, La verbena de la Paloma y la siempre colorida Ensalada madrileña de Don Manolito provocaron ovaciones espontáneas. Cada pieza fue un canto a la vida cotidiana, a la música como vínculo colectivo, a la belleza de lo nuestro.

El Coro Talía en el Concierto solidario zarzuela Grupo Talía
El Coro Talía en el Concierto solidario zarzuela Grupo Talía
El Público en el Concierto solidario zarzuela Grupo Talía
El Público en el Concierto solidario zarzuela Grupo Talía

Una noche para recordar

Silvia Sanz Torre, en su doble rol de directora artística y alma del proyecto, volvió a demostrar que el arte es una herramienta de transformación. Con más de 200 conciertos a sus espaldas, sigue liderando con pasión y visión un proyecto que une excelencia musical, formación y compromiso social.

En tiempos donde la cultura a menudo se ve desplazada, este concierto recordó que el arte, cuando es compartido con corazón, rigor y propósito , puede cambiar vidas. Como lo hace el Grupo Talía, como lo hace la Fundación Padre Arrupe, como lo hizo cada una de las voces, manos y pies que, en este concierto, cantaron, tocaron y bailaron por un futuro mejor.

Este concierto fue más que música. Fue emoción, memoria, herencia y futuro. Y como en toda buena zarzuela, el final llegó entre aplausos largos y sentidos, con el público en pie y el corazón lleno.