Un cierre inolvidable para el ciclo sinfónico-coral

Hay conciertos que entretienen, otros que conmueven. Y luego está el 4º Abono del Ciclo Sinfónico-Coral en el Auditorio Nacional de Música: una velada que trasciende la categoría de espectáculo para convertirse en una experiencia transformadora.
Bajo la batuta de Silvia Sanz Torre, la Orquesta Metropolitana de Madrid y el Coro Talía ofrecieron una celebración única del genio romántico con un programa consagrado a dos titanes de la ópera: Richard Wagner y Giuseppe Verdi.

Wagner: grandeza sonora y dramatismo en estado puro

La Sala Sinfónica, colmada hasta la última butaca, se impregnó de una expectativa vibrante desde los primeros compases del Coro de peregrinos de Tannhäuser.
La música de Wagner —imponente, densa, casi mística— se desplegó en toda su majestuosidad. La Cabalgata de las valquirias elevó la tensión dramática, provocando una ovación espontánea aún antes de finalizar.

La orquesta se mostró precisa y poderosa, y el Coro Talía aportó fuerza teatral con una energía sobrecogedora. La interpretación de “Wach auf!” de Los maestros cantores de Núremberg fue uno de los momentos más deslumbrantes de la noche.

Coro Talía en el concierto Verdi y Wagner 2025

Verdi: emoción visceral y belleza melódica

La segunda parte del programa ofreció un hermoso contraste. Desde el delicado Preludio de La traviata, Verdi trajo un lirismo lleno de emoción.

El Coro de brujas de Macbeth impactó con su intensidad expresiva, y el célebre “Va, pensiero” de Nabucco tocó la fibra del público, que respondió con una ovación prolongada y sentida.

Fue aquí donde ocurrió una de las estampas más entrañables de la noche: dos niñas pequeñas, en el segundo anfiteatro, comenzaron a bailar espontáneamente con la música más animada de Verdi, desatando sonrisas y ternura entre los asistentes.

Una sorpresa sonora que conquistó al público

Cuando parecía que la velada no podía ofrecer más, llegó la sorpresa final: dos trompetistas salieron discretamente del escenario y ascendieron al segundo anfiteatro, donde les esperaban otros dos colegas.
Desde detrás del público, interpretaron un fragmento con una sonoridad envolvente y efecto teatral sorprendente. La respuesta fue inmediata: el público rompió en aplausos antes de que acabara la pieza, visiblemente emocionado.

Este gesto escénico, sencillo pero brillante, reforzó el carácter inmersivo del concierto y cerró con broche de oro una experiencia que iba mucho más allá de lo esperado.

Trompetistas desde el segundo anfiteatro derecho
Trompetistas desde el segundo anfiteatro izquierdo

Una directora que convierte la emoción en arte

La Marcha triunfal de Aida puso en pie al auditorio con una ejecución vibrante y precisa, marcando el clímax de una noche memorable.
Las propinas, entre ellas el Coro de gitanos de Il Trovatore, sellaron una jornada llena de excelencia musical y calor humano.

Silvia Sanz Torre, con su dirección elegante y segura, sacó lo mejor de cada músico y coralista. Su lectura equilibrada de la monumentalidad de Wagner y la expresividad de Verdi fue clave para un concierto tan ambicioso como emotivo.

Directora Silvia Sanz en la ovación final del concierto de Verdi y Wagner 2025

Una noche mágica para la historia

Más que un concierto, fue una lección de cómo emocionar a través de la música. Un programa exigente que se convirtió en viaje sensorial, celebración de lo sublime… y un recordatorio de que la música clásica puede ser también juego, sorpresa y alegría.
Un cierre perfecto para el ciclo sinfónico-coral. Una ovación merecida. Una noche para no olvidar.