Orquesta Metropolitana y Coro Talía despidieron 2017 en el Auditorio Nacional con lleno absoluto, el público en pie, mucho ritmo y mucho humor

  • Concierto Singing America: Jueves 28 de diciembre en la Sala Sinfónica dirigido por Silvia Sanz Torre

 

  • Cuatro bises pusieron punto final al concierto más demandado de la temporada del Grupo Talía

 

La Sala Sinfónica del Auditorio Nacional estaba abarrotada. Con más de 2000 personas en pie bailando y dando palmas al compás de la batuta de Silvia Sanz TorreOrquesta Metropolitana de Madrid, y Coro Talía pusieron punto final al concierto de Fin de Año del Grupo Talía que tuvo lugar el pasado jueves 28 de diciembre a las 19:30. La segunda edición de Singing America, nos llevó por distintos estilos y géneros musicales, desde el swing al heavy metal: un programa muy variado y animado, en el que no faltaron el humor y las sorpresas, y un público extrovertido y participativo con muchas ganas de disfrutar.

Como ha ocurrido en temporadas anteriores, las entradas para el concierto navideño del Grupo Talía, se agotaron con mucha antelación, más de un mes antes del concierto. En el último momento, seis personas más tuvieron la oportunidad de asistir como público gracias a su participación en la Subasta Solidaria de tres localidades dobles en el escenario de la Sala Sinfónica. Los ganadores de la subasta, que se organiza por tercer año consecutivo, presenciaron y escucharon el concierto sentados en el escenario, entre los músicos de la Orquesta Metropolitana. La recaudación se destinará al proyecto de musicoterapia para niños que padecen enfermedades neuromusculares genéticas atendidos por la Fundación Ana Carolina Díez Mahou, con la que colabora el Grupo Talía desde hace unos años. 

Del folk rock al country

El concierto comenzó con la pieza California dreamin’, una selección de folk rock californiano de los años 60 con las pegadizas y dulces melodías de canciones de grupos como The Beach Boys (Surfin’ USA) o The Mamas & the Papas (California dreamin’ y Monday, Monday). De aquí pasamos a la energía del soul con otro gran éxito de finales de los 60, Ain’t no mountain high enough. Luego llegó el country en sus diversas variedades a través de un recorrido musical titulado On the road, preparado por Alejando Vivas, responsable de todos los arreglos del programa.

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Un historia criminal…

Después llegó una de esas canciones que nunca mueren (aunque hablen de asesinos) y en las que reconocemos a grandes voces de la historia de la canción en Norteamérica: Louis Armstrong, Ella Fitgerald, Frank Sinatra, Michel Bublé entre otros, pero sobre todo, Bobby Darin que triunfó con ella en 1959. Se trata de Mack the Knife, una canción escapada de una obra musical nacida en Alemania, La ópera de tres centavos, con música de Kurt Weill y letra de Bertold Brecht. La canción narra con mucho ritmo la historia de un matón y tiene su origen en los Moritat, canciones medievales alemanas en las que se contaba un crimen.

 … Y otras canciones inolvidables

Llegaron, otras melodías y ritmos muy reconocibles:  Can’t take my eyes off of you (gran éxito de Frankie Vally en 1967 y Andy Williams en 1968, entre otras versiones coomo la más discotequera de Gloria Gaynor); el solidario We are the world (1985) de Michael Jackson y Lyonel Richie, canción nacida para la iniciativa humanitaria USA for Africa con el objeto de recaudar fondos que paliaran la hambruna de Etiopía; un emotivo canto de amistad como es You’ve got a friend de Carole King; el optimista y bailarín Speak up mambo de Manhattan Transfer, con su ritmo latino; y las dos canciones más conocidas del musical Hair, que son Aquarius y Let the sunshine in que, efectivamente, a pesar de haber caído ya la noche, dejó entrar el sol en la sala sinfónica del Auditorio Nacional.

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Recorridos temáticos por el soul, el country, el heavy... 

Todos los arreglos fueron realizados por el compositor Alejandro Vivas, así como los recorridos temáticos por distintos estilos de la música americana. ConMoving up, viajamos por el mundo del soul. El ya mecionado On the road nos llevó por los subgéneros derivados del country y el sonido de las guitarras acústicas. Bad boy fue un homenaje a Michael Jackson y a su canción Smooth criminal. Subtitulada El despertar de los zombis, la obra está estructurada como una fuga en la que el coro, sin levantarse de sus asientos, se integra en la orquesta con divertidos efectos de percusión vocal y corporal para levantarse lentamente en los compases finales (al modo de los zombis) y dejarse caer de nuevo en las butacas: una broma musical que divirtió al público y aportó elementos diferentes al concierto. Por último, con Rain of axes (Lluvia de hachas) viajamos por el mundo del heavy metal y sus guitarras distorsionadas. Se trataba de una fantasía heavy de atmósfera épica y medieval cuyo objetivo era mostrar la relación entre la música heavy y la barroca, tanto por la práctica de acordes utilizados como por la importancia del virtuosismo de los intérpretes. En lo que se refiere a este último aspecto, el del virtuosismo, gozamos de una excelente demostración con los complicadísimos solos de guitarra eléctrica  ejecutados por Alberto Clemente y que fueron aclamados por el público, sin olvidar tampoco el destacado papel de Daniel Alonso a la batería y Guillermo Soloaga en el bajo eléctrico (no solo en esta pieza sino a lo largo del concierto). Sin duda, Rain of axes, fue toda una exhibición de belleza musical en modo heavy metal con pasajes orquestales sorprendentes. 

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Proud Mary, Proud Grupo Talía

Cerró el programa Proud Mary de John Fogerty, canción que hace referencia al Mary Elisabeth, uno de los viejos barcos de vapor que navegaban por el Mississippi. Tina Turner triunfó con ella en 1971 y es una canción clave en su carrera y en sus conciertos. En homenaje a la veterana cantante, Silvia Sanz preparó una larga introducción musical con la orquesta en pie, moviendo sus brazos al ritmo de la música, mientras pronunció de cara al público un emotivo discurso en el que sin duda había referencias a los últimos meses vividos por el Grupo Concertante Talía, que han supuesto, entre otros cambios, la puesta en marcha de una nueva sede para conseguir que la rueda de la música, como la de aquel viejo barco de vapor, continúe rodando con energía renovada.

Una historia de superación

Así pues, a Proud Mary precedieron estas palabras de Silvia Sanz Torre: “Hoy para terminar este concierto y con esta canción queremos contar una historia de superación. Igual que ese barco que recorría el Missisipi, lento pero seguro, el Proud Mary. Así también la rueda de la música nunca para y aunque el camino sea largo, nada nos detiene siempre que las notas no dejen de sonar. Y es que todos los que estamos aquí arriba y en todos esos asientos somos parte de ese gran barco. Un barco sin destino, sin paradas, pero con rumbo. Un barco con el que podremos decir dentro de mucho que… seguimos aquí. Queremos también con esta canción y, recordando la figura de Tina Turner, hacer un homenaje a todas esas personas, mujeres y hombres que persiguen un sueño y aun en las horas más bajas y difíciles no se han venido abajo, luchando, inventando, imaginando, creando. A todas esas personas que son un ejemplo para todos nosotros les mandamos un mensaje de aliento y con la mayor fuerza de nuestras notas les decimos que… seguimos aquí.”

 

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Despedida

Fueron muchísimos los aplausos, intensísimos, con la Sala Sinfónica y sus 2.300 butacas ocupadas y el ambiente optimista, alegre, divertido. Nadie tenía ganas de marcharse, nadie se movía y los aplausos no cesaban.  Así que llegaron los bises. Primero I will survive; después Uptown funk, que el pasado año sorprendió al público con la inclusión de un mannequin challenge que volvió a repetirse aunque con una sorpresa más: músicos y cantantes sacaron esta vez los muñecos títpicos del Día de los Inocentes en referencia al día del concierto, 28 de diciembre, haciendo de nuevo reír al público. Pero la verdadera broma llegó después cuando inesperadamente sonó el inicio de la Marcha Radetzky (¿Qué pintaba una marcha de Strauss en un concierto de pop y rock sinfónico?). Pero fueron solo unos segundos pues enseguida comenzó a sona YMCA de Village People y su popular coreografía que toda la sala bailó en pie. El público no quería irse, pero había que terminar y orquesta y coro dijeron adiós tras repetir de nuevo Uptown funk. Fue otro concierto feliz en el la Orquesta Metropolitana de Madrid y el Coro Talía, capitaneados por Silvia Sanz, demostraron una vez más su versatilidad, sus alegría a la hora de hacer música y su capacidad para conectar con el público. La mejor manera de despedir 2017.

 

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Silvia Sanz Torre
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